CAMPEONES

1949, La primera Estrella

El año 1949, entregó a la UC su primera estrella. Con una campaña brillante y con un conductor de primera línea, José Manuel Moreno. Fue un equipo como pocos: mezcla inspirada de la juventud de los aficionados y la sapiencia de los pocos experimentados del plantel: su capitán, Fernando Riera; su símbolo, Sergio Roberto Livingstone, y su líder, José Manuel Moreno.

El año 1949, entregó a la UC su primera estrella. Con una campaña brillante y con un conductor de primera línea, José Manuel Moreno. Fue un equipo como pocos: mezcla inspirada de la juventud de los aficionados y la sapiencia de los pocos experimentados del plantel: su capitán, Fernando Riera; su símbolo, Sergio Roberto Livingstone, y su líder, José Manuel Moreno.

La Estrella: José Manuel Moreno

Los detalles de la conversación que sostuvieron en la UC obviamente no se conocieron, pero Luis Núñez reconoció que la conversación fue muy positiva pese a todo a lo malo y donde los factores anímicos y la necesidad de recuperar luego el ánimo positivo fueron aspectos centrales del diálogo.

Era el partido decisivo. En la penúltima fecha del campeonato oficial 1949, un empate ante Audax bastaba a Católica para coronarse campeón. Pero el ánimo entre los hinchas y futbolistas cruzados no era de euforia, sino de angustia. Es que Moreno, José Manuel Moreno, el líder indiscutido de ese plantel, estaba enfermo. La fiebre no lo dejaría jugar: era un hecho. Los futbolistas cruzados lo esperaron hasta última hora en la concentración de Las Vertientes. Luego, meditabundos, se trasladaron al Estadio Nacional. Allí apareció Moreno. -¿Cómo se siente? ¿Podrá jugar? - fue la pregunta, la súplica más bien, del técnico Alberto Buccicardi. -Para eso he venido- respondió simplemente Moreno, y comenzó a cambiarse. Antes de saltar a la cancha, Católica ya era campeón

1949, LA PRIMERA ESTRELLA

Muchos que vieron jugar al “Charro” Moreno se niegan a entrar en la bullada discusión sobre el más grande de la historia del fútbol. Es que -dicen- habría que agregar a Moreno entre los candidatos. De él se dice que tenía la potencia y el derroche físico de Pelé, el liderazgo y la personalidad de Di Stéfano, y el talento y la picardía de Maradona. Lamentablemente, no hay videos que nos permitan comprobar estas apreciaciones. Sólo las fotos que lo muestran emulando al “Pibe de Oro”, en una espectacular palomita que ocultó el golpe del balón con la mano para consolidar un triunfo de River sobre Estudiantes de la Plata. Y, por cierto, los admirados comentarios de sus contemporáneos, para quienes no había dudas: Moreno era, en la década del cuarenta, el mejor futbolista del planeta. Hasta hoy, no se le olvida: una reciente encuesta entre las revistas deportivas más prestigiosas del mundo lo ubicó entre los 100 mejores futbolistas de todos los tiempos. Por eso es que nadie daba crédito a lo que escuchaba cuando, al despuntar ese 1949, los dirigentes de Universidad Católica dieron la noticia: José Manuel Moreno acababa de ser contratado por el equipo de la franja. Era el fichaje más caro jamás visto en el fútbol chileno: un millón 450 mil pesos, y un salario al tono con su calidad de estrella. “¡Le pagan más que a un médico!” se indignaba un ciudadano anónimo en la prensa de la época. Pero si alguien valía ese dinero, era Moreno. Llegaba a Chile a los 32 años de edad, después de hacer fama como uno de los cinco integrantes de la mítica delantera de la “Máquina” de River Plate, junto a Muñoz, Moreno, Pedernera y Loustau. Pero mientras Chile se entusiasmaba con esta contratación bombástica, el “charro” dudaba, al verse enfrentado con un medio definitivamente amateur.

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