Chile, jueves, 02 de septiembre de 2010 | 14:02 | UF: $20.911,91
1949:
LA PRIMERA ESTRELLA
1954:
EL TITULO DE LOS HOMBRES
 
1961:
BAILANDO AL BALLET
 
 
1966:
EL FIN DE LA MALDICIÓN
 
 
1984:
TRICAMPEONES...
DE UNA VEZ
 
 
1987:
CAMPEÓN POR DEMOLICIÓN
 
 
1997:
CATOLICA CAMPEÓN APERTURA
 
 
2002:
TORNEO DE APERTURA BAJO SAN CARLOS
 
 
2005:
EL MEJOR DE TODOS SUMO SU NOVENA ESTRELLA
 
1987
CAMPEÓN POR DEMOLICIÓN

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“La Católica es una aplanadora” dictaminaba la revista Minuto 90, y el concepto no podía ser más gráfico para describir a este equipo maravilla, que literalmente pasaba por encima de sus rivales, sin discriminar camisetas ni planteles cargados de dinero o de títulos añosos.

No. Este equipo simplemente ganaba. “Siempre seguro, siempre pujante, dueño de un juego sólido en todas sus líneas, con hombres que por sobre todo tienen vocación ganadora, el líder no tuvo compasión”, comentaba la misma revista, con ocasión de un 3-0 sobre Cobreloa. Pero el rival pudo haber sido otro, el tanteador distinto y el comentario hubiese resultado igualmente atingente. La Católica sólida. La Católica ganadora. La Católica sin compasión.

Fue así desde el principio, en el inolvidable Campeonato Nacional de 1987. La UC partió en punta y no la soltó jamás. Ya en la duodécima jornada miraba por el espejo retrovisor a sus rivales, con la tranquilidad que entrega una distancia de cinco puntos —en una época en que, recordemos, los triunfos entregaban sólo dos unidades—. Y al terminar la primera rueda, la distancia era de ocho puntos sobre Cobreloa y Cobresal, y de nueve sobre el campeón defensor, Colo-Colo.

Entonces llegó el único instante de duda en esta temporada. El Campeonato Mundial Juvenil organizado por Chile obligó al receso del torneo local. Y cuando, tras los grandes espectáculos de la Yugoslavia de Jozic, Prosinecki y Boban, el torneo recomenzó, la UC parecía haber perdido el ritmo.

Un par de empates innecesarios crearon inquietud. Y una derrota impensable contra Everton encendió la alarma. Ese mediodía extraño en el Santa Laura, cuando Edgardo Geoffroy marcó de penal el único tanto de los viñamarinos, Colo-Colo se puso a cinco puntos de Católica. Y el fixture, siempre sabio, se encargó de aumentar el morbo: ambos equipos se enfrentaban en la fecha subsiguiente.

“El partido del año”, lo llamaron, sin gran originalidad, los medios. Ante 60.000 personas en el Estadio Nacional, la UC clavó la primera bandera con un gol de quien al final fue el goleador de la UC y del Campeonato, Osvaldo Hurtado, a los 6 minutos. Empató Jaime Pizarro, a los 81, y desató el vendaval albo: los colocolinos sabían que sólo un triunfo reabría la lucha por el título. Pero todo esfuerzo sería inútil: el empate fue inconmovible y Católica pudo encarar la recta final sin obstáculos.

¡Y vaya si lo hizo! Un interminable encadenamiento de triunfos alargó la ventaja a ocho puntos, a falta de cuatro fechas. El campeonato podía definirse con inédita antelación. El último obstáculo no podía ser más duro, no podía ser más simbólico: la Universidad de Chile.


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