Néstor Raúl Gorosito y Alberto Federico Acosta, fueron los insignes nombres que vistieron los colores de la Universidad Católica de esos tiempos. Bajo la conducción técnica de Manuel Pellegrini, cumplieron campañas notables y sólo les faltó coronarlas con un título del Campeonato Local. No obstante, pese a esto, dejaron un recuerdo imborrable en el corazón de todos los hinchas cruzados.
Comenzaba el 2004 y el Directorio del CDUC arrojaba una noticia bombástica que estremecía el mercado nacional. Con el claro objetivo de transformar al primer equipo en protagonista del torneo y de la Copa Libertadores, contrató a dos figuras de renombre mundial y seleccionados de un país potencia en este deporte.
El “Pipo” y el “Beto”, arribaban precedidos de un gran cartel. Entre ambos habían marcado 72 goles en el San Lorenzo de Almagro durante dos temporadas y venían de salir campeones de la Copa América del 93’ con la “Albiceleste”.
La magia de uno y la tremenda capacidad goleadora del otro, se notaron de inmediato en un plantel que sumaba a otro seleccionado argentino como Sergio Vásquez y que ostentaba una final de Copa Libertadores alcanzada en la temporada anterior.
La presencia de estos tres jugadores jerarquizó un campeonato que de principio a fin resultó espectacular. Manuel Pellegrini, apostó por un fútbol vistoso y contundente. San Carlos de Apoquindo, como nunca, vio sus galerías completamente llenas durante todas las jornadas.
El inicio fue demoledor. Con el estreno de un moderno marcador electrónico, la Católica derrotaba a Cobreloa por 5 a 1 y daba comienzo a una temporada espectacular y que la vislumbraba como seria candidata al título.
Dentro de ese contexto, quedó en la retina aquel histórico compromiso del 21 de agosto. Quizás fue el clásico universitario más recordado por la gente y uno de los más brillantes que se hayan realizado en todos los tiempos.
La UC, con setenta mil espectadores ubicados en el estadio Nacional, disputaba un partido intenso con el cuadro azul. Terminado el primer tiempo, lamentaba las expulsiones de Nelson Parraguez y Alberto Acosta. Todo se ponía cuesta arriba y parecía que el rival acérrimo se iba a quedar con la victoria.
Sin embargo, se produjo la hazaña. Con 9 hombres y tras un tiro libre ejecutado al minuto 59 por Gorosito, apareció el salto ganador de Sergio Vásquez, sobre dos centrales y con un frentazo impecable dejó sin opción al golero Sergio Vargas. Triunfo de la UC y festejo tanto en la galería como en la cancha.
Al final, el balance en los números y en el juego no tuvo parangón. Con un 80 % de rendimiento, con 48 puntos (21 PG – 6 PE – 3 PP) en 30 partidos y con el máximo artillero de la competencia (Alberto Acosta con 33 goles en 25 partidos), la UC rozó el título de campeón que se lo arrebató en la última fecha la Universidad de Chile por tan sólo una unidad de diferencia.
La Católica tuvo su revancha con la obtención de la Copa Interamericana (1994), único logro internacional que ostenta en su bitácora hasta el día de hoy, y una clasificación a Copa Libertadores, donde alcanzó la segunda fase, instancia donde la eliminó River Plate.
1995 sería un año muy parecido al anterior. Nuevamente se cumplía con una campaña notable. Nestor Gorosito y Alberto Acosta, siguieron rompiendo las redes contrarias y nacía una promisoria estrella que tenía por nombre Sebastián Rozental.
El ciclo comenzaba de la mejor manera quedándose con la Copa Chile y repitiendo una excelente campaña en la liga local. Sin duda, el equipo de Manuel Pellegrini con su estilo y principalmente por el aporte de dos futbolistas sin igual, dejaron una huella imborrable a todo un ambiente deportivo que hasta el día de hoy agradece la presencia de dos monstruos de la categoría del “Beto” y el “Pipo”.