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Triatlón

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Triatlón

Esta Rama tiene como objetivo formar deportistas, desarrollando las destrezas, habilidades y capacidades en natación, ciclismo y carreras de fondo. Atiendo a deportistas de ambos sexos, desde su período de Escuela (7 a 10 años) hasta el Age Group, donde algunos llegan aproximadamente a los 70 años. Para más información sobre la rama y escuela, click aquí.


El último Ironman de un verdadero hombre de hierro

Juan Antonio Arrasate (65) se clasificó por 14va vez al Mundial de Ironman de Hawaii, donde ha obtenido podio ocho veces en su categoría. Además, es el competidor más emblemático del Ironman 70.3 de Pucón, en el que ha participado en 27 de las 29 ediciones. Solo un accidente que lo tuvo en coma por dos semanas y que le costó una parte del cerebro lo hizo perderse dos versiones de "la carrera más linda del mundo". Siguió adelante, volvió al triatlón y hoy se prepara para su 32va competencia de hombres de hierro, que se disputará este sábado.

Es mi favorito, la isla grande de Hawaii es mística, las leyendas hawaianas hablan de los dioses que vivían en los dos volcanes que dominan la isla, el Mauna Kea y el Mauna Loa, que tienen erupciones de vez en cuando y cubren de lava el lado oeste. Cuando uno llega se impregna de este ambiente tropical con mucha humedad, en el que la civilización está detenida, muy salvaje. Te bajas del avión en un pueblo chico de pocos habitantes, abarrotado de los dos mil triatletas que son los mejores del mundo, que están en su peak de rendimiento, llenos de equipos, masajistas, en un ambiente muy competitivo. Y uno dice “¡qué hago aquí!, chilenito, chiquitito, todo cagado, y esos gallos gigantes con unos cuerpos increíbles y las mujeres todas planas”.

Sé que este será mi último mundial de Ironman, la maquinaria ya no funciona como antes. Por eso estaba obsesionado con clasificar. Y gozo la preparación, pero la carrera no. Nunca se goza en un Ironman, eso lo dicen para los diarios. “Enjoy the race, just have fun”, nunca ocurre, tu vas sufriendo: 15 minutos antes de meterte al agua ya tienes una ansiedad terrible, después adentro tienes que esperar 20 minutos flotando a 26,5° y cuando eres un tipo como yo que tengo 5% de grasa, te congelas. Ahí ya vas mal, después empiezas a nadar y hay dos mil gallos que a punta de patadas, combos y chinas tratan de pasarte.

Después viene la bici y son 170 km de asfalto negro rodeado de lava negra por todos lados, es un desierto negro. A la sombra hacen 28° con 85% de humedad, pero la sensación en ese radiador es de 36°. Y a esto agrégale los vientos huracanados, de repente viene un chiflón y te deja incrustado en el campo de lava, y quedas hecho bolsa, herido por todos lados, tienes que estar muy atento siempre. Y finalmente la maratón, que es como a las 3:00pm y ahí sí que hace calor. No es gozar. ¿Por qué lo hacemos? No hay respuesta, no es racional.

¿Y cómo quedó el camión?

Corría un contrarreloj interno del club, en diciembre de 2003, por la autopista Los Libertadores. No miré para adelante y me estrellé de cabeza contra un camión parado en medio de la autopista, sin ningún tipo de señalización, a 40 kms/hora. Se me salió un pedazo de cerebro, quedó ahí botado. Tengo ocho vértebras luxofracturadas, es decir fractura con desplazamiento, la médula estuvo a punto de cortarse, pasé 35 días en la UTI y 17 días en coma. No me acuerdo de nada, me salvaron varias veces y después volví al triatlón. Mi señora me dijo “nunca vas a estar como antes, necesitas un psiquiatra”. Y mis brazos están bien, mis piernas están bien, estoy lleno de fierros en la columna y mi psiquiatra va a ser siempre el deporte. Me recuperé, volví apenas pude, en el 2005 ya estaba ganando Pucón.

Aún así, la recuperación total ha sido larga, me ayudó que en mi pieza en la clínica había una foto de la nueva bici Ironman 5000. Alucinaba pensando que iba a tener que usarla algún día. Mentalmente también quedan secuelas, cuando tienes un evento en el que tu vida está al borde de perderse, quedas con estrés post traumático, piensas que tu vida no vale nada y que te vas a morir hoy, entonces quieres hacerlo todo ya: “La entrevista con Rafael tiene que ser ahora, porque mañana ya no voy a estar”.

Pero con mi tozudez, el apoyo de mi familia y las facilidades que entrega la Católica he seguido. Estoy en la UC desde el 86, el club ha ido creciendo conmigo, hemos ido madurando. La Católica es un tremendo semillero de atletas, han nacido varios clubes que han fundado ex triatletas de acá, es lejos lo mejor que hay en Sudamérica. Los argentinos no tienen mucha envidia y los brasileros también, ellos entrenan solos. Este es un excelente grupo con buenas instalaciones, y se ven los resultados.

El buen amigo triatlón

Es fácil mantenerse en este deporte porque son tres en uno, y eso crea compensaciones de los músculos antagonistas, por lo que es más difícil sufrir lesiones. Y en lo mental, si te satura uno de los deportes, enfatizas en los otros dos, hasta que vuelve a aparecer la motivación por el primero.

También es muy motivante la característica outdoor del triatlón y todo lo que vives. Recuerdo las dos veces que fui a Kenya a correr el Safari Sportif, una carrera en la falda del monte Kilymanjaro. Asimismo las maratones de Berlín y Rotterdam o el Mundial ITU en Disneyworld. Y sin duda, la carrera que más me marcó fue la maratón de Nueva York 2005, por la sensación de correr y llegar juntos con mi hija mayor, María Ignacia, con los brazos en alto, aunque no hicimos un buen tiempo.

Para mi familia fue complicado que un trabajólico se convirtiera en triatleta. Soy ingeniero civil industrial, saqué un MBA en Barcelona, formé una empresa en la que trabajaba 13 horas diarias. Pero me apasioné y vendí la empresa, invertí esa plata y ahora tengo tiempo para entrenar y estar con mi familia, que seguimos juntos y felices. Los otros que van a Hawaii nunca son casados, o son separados, viudos o viven con una triatleta de 23 años que les aguantan el ritmo.

¿Qué viene después de Hawaii?

No sé cuánto me queda, ya he participado en 31 Ironman en Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, Brasil y Sudáfrica, y he ganado siempre en Pucón en mi categoría. Estoy más viejo, hay una etapa como hasta los 70 que uno está bien, después uno sabe que va a cagar, en algún momento. Hawai va a ser mi tercer Ironman del año, una locura para un tipo de 65 años, y lo que venga después tendré que verlo cuando termine.

El triatlón me cambió la vida absolutamente, he viajado por todo el mundo con mi señora y mis hijas. Ahora voy a Hawaii con mi hija triatleta Fernanda, que nada conmigo acá en la Católica, y dos nietos. Vamos a ir a que se acuerden, que el abuelo algo hacía en el deporte.

Fotos: www.trichile.cl

 

Publicado por Juan Rafael De la Fuente


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